LIBRO

Clara y Martina

La Única Historia

Clara Lyon, 19 años, estudiante de Sociología, esquiadora, modelo. Martina Valenzuela, 21 años, estudiante de Publicidad, música, modelo. Parte de sus historias separadas y juntas, a través de sus palabras.

POR Rita Cox FOTO: Paola Velásquez MAQUILLAJE Y PELO: Josefa Inostroza PRODUCCIÓN GENERAL: Jorge Ramírez VESTUARIO: Macarena Arias DIRECCIÓN CREATIVA: Javiera Díaz de Valdés DISEÑO: Pilar Alemparte

 

 


La Única 
Historia

¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión. La mayoría de nosotros solo tiene una historia que contar. No quiero decir que solo nos sucede una vez en la vida: hay incontables sucesos que convertimos en incontables historias. Pero solo hay una que importa, solo una que a la postre vale la pena contar. La que cuento aquí es la mía.

Julian Barnes
La única historia

 

“AMAR HASTA DOLER”

“Hay un acto muy doloroso en el amor y esa es la parte más linda. Amar tanto que es doloroso. La gente puede decirte ‘es que ese amor es tóxico’ y, tal vez, es tóxico en algunos casos. Yo me refiero a un asunto poético, romántico, a esa presión en el pecho, a la preocupación y no ligereza que te provoca esa otra persona. Es algo tan lindo que duele. No es un dolor de pasarlo mal. Es un dolor como muscular de hacer ejercicio. No dolería si no fuera real. Te duele porque estás poniendo algo de ti. Estás separando tu alma para entregársela a otra persona”.
Clara sobre el amor y la frase “Amar hasta doler” que grabó en el anillo que le regaló a Martina.

ENCONTRARSE

“Nos encontramos en un mal momento de la dos. Las dos estábamos muy mal, reprimidas. Reprimidas por nuestras vidas, por nuestros pasados que nos perseguían. Empezamos a pololear y pudimos comenzar a restituirnos y a eliminar nuestras malas ondas, nuestros problemas. Habíamos estado, cada una por su lado, peleando contra muchas cosas y, al estar en esta relación, vimos que también estábamos en una lucha personal, pero juntas”.
Clara

 

“Mi infancia fue dolorosa. Tenía constantemente dolores en el pecho. Pero estaban esos viajes ricos a Los Ángeles, donde me podía esconder en la cueva del amor de mi hermana. Luego tenía que volver a Santiago y era un ataque. La soledad, las tensiones de las dicotomías de mis propias personalidades, las ganas de desarrollarme como persona, las ganas de saber lo que quería en la vida. Una explosión de problemas. Encontré a la Martina cuando estaba tirando todo por la borda”.
Clara

“Cuando nos encontramos, estábamos las dos en un momento difícil, también por la edad. A esta edad uno siente que se acaba el mundo cuando aparecen los problemas. Nos logramos encontrar y hemos podido salir adelante juntas. Eso ha sido súper rico. Veo muchas parejas de nuestra edad que tienden a tirarse para abajo. Estar juntas ha sido todo lo contrario. Juntas logramos sacar lo mejor de nosotras. Hoy estamos viendo los frutos de enfocarnos en lo que somos buenas y en hacernos bien”.
Martina

SER LIBRE

“Una de las cosas que me llaman la atención de la sociedad chilena, en comparación con Los Ángeles, donde vive mi hermana, es que allá mis amigos nunca me preguntaron qué era, no me pedían definiciones, aunque hubiese curiosidad. No se daba esa situación de estar obligada a presentarme, o de salir del clóset, o de definirme, que es un imposible, porque yo salgo del clóset constantemente”.
Clara

“Estaba en segundo medio cuando comencé a experimentar con el mismo género y me di cuenta de que era una posibilidad. En cuarto medio me comenzó a gustar una amiga del colegio y pololeamos. Decidí salir del clóset. No tenía ningunas ganas de vivir escondida. Mi familia aceptó muy bien todo. Lo más difícil fue aceptarme yo. Vivía en un círculo con mucha valoración masculina hacia mí. Me pescaban ene gallos, tenía ese mundo a mis pies, y pensaba que iba a perder todo eso, que era lo que había construido. Me daba miedo ser discriminada, y no pasó. Mis amigos, los mismos a los que yo les gustaba, me apoyaron”.
Martina

“Desde chica estuve atrapada, no podía esconder lo que era. No me refiero a lo sexual, sino a que era ‘muy rara’. Tenía gustos avanzados para mi edad, me juntaba con gente grande, era rebelde. Tenía mucho que avanzar en lo mío y eso me hacía explotar, tener un aura que, no sé si era negra, pero me sentía tan particular, rara. Rara porque no cuadraba con la personalidad que se demanda en esta sociedad patriarcal que exige perfección, ser de cierta manera, que te gusten ciertas cosas. Por más que lo intentaba, no me resultaba. Lo intenté mucho. Tendí a llevar una suerte de doble vida en la que intentaba dar una cierta imagen, aunque gente cercana me decía: ‘Clara, tú eres gay’ o ‘Clara, a ti te gusta el arte raro, eres cinéfila y no estás siendo tú’. Lo pasaba muy mal. Me sentía un extraterrestre. A los 15 años entendí por primera vez que me gustaban las minas y fue porque entré a una clase de yoga y me gustó la profesora. Me aterré de lo bien que fluyó. Fue tan natural que dije ‘esto está mal; todo está tan bien, que está mal’”.
Clara

 

LOS OTROS

“Cuando chica me vestía como niñito, con pantalón corto de hombre, con traje de baño de hombre sin parte de arriba. Y me decían ‘eres bonita’ y, al mismo tiempo, sin palabras, me decían actúa de esta manera para tener lo que todo el mundo quiere tener: aprobación, atención. ‘Usa peto, vístete con pollera, usa tacos o esas plataformas que se usaban’. Desde séptimo básico a segundo medio estuve full metida en ese mundo. Me era muy importante que me pescara el más mino, hasta que comencé a experimentar con mujeres y con eso volví a mi esencia: volví a la ropa que usaba de niña, a la ropa ancha que ocupo hoy, a los polerones. Fue un cambio de rol extraño. Pasé de ser una más, una niña del montón, a alguien como cool. Las mujeres lo veían como cool, pero los hombres como una cuestión sexual, atractiva para ellos. Las mujeres, todas, somos vista como un objeto sexual”.
Martina


“El heterosexual tiende a pensar solo en él. A pensar en ‘ah, esta mina está rica, pololea con una mina, entonces hagamos un trío’. Nosotras no pedimos que no nos miren. Pedimos que no nos miren con cara de que nos quieren violar. Pedimos que no nos hablen si es para preguntarnos si nos gustan también los hombres. Esa es una forma de invisibilizarnos”.
Clara

FEMENINO / MASCULINO

“Nunca había tenido el pelo corto. Lo más corto era debajo de los hombros y siempre quise tenerlo como hoy. El pelo corto representaba la masculinidad que uno tiene como mujer. El corte de pelo me tenía agobiada en el sentido de que no sabía hasta dónde llegar en la exploración de lo femenino. Uno siempre se pregunta hasta dónde llega o dónde termina lo femenino. Me puedo vestir ancha o me puedo vestir con peto, pero esa femineidad siempre va a florecer. Me gusta lo femenino, me gusta explorarlo y llevarlo a ciertos límites”.
Martina


LA BELLEZA

 “Todo esto que estamos viviendo es bello y cada vez que me preguntan sobre lo malo del proceso que he vivido, o me comentan que es una mochila, un peso, para mí ha sido una liberación por ser yo misma. Ha sido liberador sacarme el peso de cumplir y cumplir con cánones. Ha sido bueno terminar de intentar cumplir con las expectativas de los demás, cuando es tu felicidad la que está en juego. Estar con la persona que amas, poder caminar en la calle con esa persona, que no te miren en menos, pero poder hacerlo, es bello”.
Martina


 “Encuentro la belleza constantemente en las mujeres, en su forma de liberarse y descubrirse en esa liberación. En las manifestaciones y protestas de mujeres, en estas mujeres que están sin polera, sin sostén, veo belleza. Es bello lo liberador que hay en ese gesto tan sencillo de sacarse el sostén. La simplicidad de sacarse una sola prenda y lo poderoso que eso puede ser. Encuentro la belleza en el trabajo de fotógrafos como Peter Lindbergh, con sus escenas de modelos de pelo corto, con trajes oversize, muy dramáticas, comiendo langostas con las manos, como gángsters de puerto. Todas esas fotos en que él expone la belleza de lo andrógino. Encuentro belleza en que tengamos a grandes voces como Gastón Soublette y en García Márquez en su discurso del Premio Nobel.

Veo la belleza en los textos y en la música de Violeta Parra, en la escritura de María Luisa Bombal. En el caso de Chile, con los mapuches, los quechuas, los rapanuis, los selknam extintos. Todos ellos tienen una forma de mirar el mundo en que ‘yo soy parte de algo’, ‘yo soy acción de algo’, ‘no soy todo, sino parte del todo y tengo acción en el todo’. No hay nada más bello que nuestro país, nuestros paisajes. No hay nada más lindo que viajar al sur, llegar al sur, instalarse en el sur. Aysén, Chiloé, la Región de Los Lagos, la Región de Los Ríos para luego, en el norte, encontrarte con Atacama o el desierto florido. Y te sientes más chico. En un momento estás en Marte y en otro en un planeta aún más desconocido, un planeta de cenizas. Es hermoso como esa cosmovisión se junta en estos paisajes. También son hermosas ciudades como Nueva York, donde Peter Lindbergh funcionaba mucho. Es linda esa situación también de pequeñez frente a la cantidad de gente, artistas, ideas, creatividad que puede congregarse en una sola ciudad”.
Clara

SENSUALIDAD INABORDABLE

“El período luminoso de hoy es porque he dejado de ser una persona que no era. Me cambié de agencia (de modelos), me corté el pelo, aunque antes ya me lo había cortado. Me vestía con ropa grande y comencé también a buscar qué era lo que más me gustaba: ¿me gustaba la ropa grande o apretada? ¿La ropa chica y que se me viera la guata o no? Me gustan los vestidos, pero más cortados, más geométricos. Me vi usando vestidos con flores para complacer a alguien que ni siquiera conocía. Vi que me gustaba usar jeans, poleras blancas y zapatillas blancas Nike de caña baja. Mi normalidad está en esa neutralidad o simplicidad. Comencé a preguntarme sobre lo que quiero y lo que no. Con esas preguntas comencé a volver a mi personalidad que había dejado ir. Y eso me llevó a encontrar mi sensualidad en lo desconocido. Para mí no es ser femenina o masculina. Entendí que tenía las dos cosas. Al medio. Y entendí que cuando la gente me decía que yo era ‘andrógina’, ese era el sistema en que me podía mover. Un lugar donde hay feminidad y masculinidad, sin tener que definir tanto qué es qué. Me reconcilié con lo desconocido mío. Reconocí lo que otras personas me decían de mí. Lo que sí sabía era que mi sensualidad era lo inabordable”.
Clara

“Mi momento más sexy es estar sola en mi casa, en calzones y polera, poniendo un vinilo. También es estar trabajando con cosas en las manos o esquiando, que es extremo, y conectada con la naturaleza. ¿Y qué soy? ¿Soy la niña que es sensual y pone vinilos o soy la niña más masculina de los jeans rotos o soy la niña de la moda? Todas esas tipificaciones están por un lado, y encontré que pululo de una cosa a otra”.
Clara

ZOOMÓRFICA

“Hice una obra de teatro en Los Ángeles y Stella Adler, mi profesora, lo primero que me dijo cuando me miró fue: ‘Tú eres la persona más zoomórfica que he conocido en mi vida. No sé qué puedes estar sintiendo, si eres hombre o mujer. Tú eres andrógina. Yo tenía un papel muy femenino y me sentía muy incómoda haciendo ese papel. Ella lo entendió y me dijo: ‘¡Qué valiente que lo hayas hecho!’”.
Clara

EL REFUGIO DE LA MÚSICA

“Partí freestylando a los 17 años. La facilidad para hacer rimar es algo que uno tiene, pero que también se aprende. Mi escuela de rap es Conserbero, rapero venezolano muy activista en lo social. También me gusta Calle 13 y Jonas Sanche. Es un ambiente masculino y callejero y ahí también hay sesgo si eres mujer. No solo no tienes cabida, sino que de inmediato eres minimizada. Hay que demostrar que puedes y eso también es estimulante. Hay que sobresalir. Dedicarse al arte, como la música, provoca miedo. Me gusta ver la música como un bien común. Yo uso la música para salvarme a mí. Durante mucho tiempo estuve muy mal, con crisis de pánico, y lo único que me sacaba de esa idea de la muerte era el freestyle. En mi pieza freestylaba y freestylaba. Las canciones que he estado haciendo hablan del miedo profundo que tenemos, especialmente ahora, de morir, y la pregunta de qué pasará después. En una canción que aún no lanzo, digo ‘me asusta el futuro, límite del infierno’”.
Martina

RECITO MIENTRAS EL HUMO LLENA MIS CAVIDADES PULMONARES

No tengo nada más que dolores
Pa gastar dentro de lo que no, no me vale
No vale nada el dinero vale
Vos dale con lo que sientes ma
No tengo na más que abajo mis sentimientos
Mi cabeza miente de repente estoy con remordimiento
Miento que
Te juro q
Estoy con remordimiento
Mis muelas me gritan y en instante
Deja de hablar mierda que te van a salir caries
Wow
Wow
Búscame luego con
Problemas neuronales
No tengo nada más
No me sale
Hablo puras barbaridades
No me entiende lo q dice
No me entiende como me sale
A veces siento que me busca hades
Pa llevarme al infierno de mis males
Mala hierba nunca muere
Maleza dentro de mi
Ser que no queda ya pureza
Maleza que revela la extrañeza
Entrañas sobre la mesa
Plato de fondo es mi cabeza
La prosa me mata
Aunque sea con sutileza

Improvisación de M4life.
Su música puede escucharse en Spotify

Puedes ver a Clara y Martina aquí

@claralyon
@m4rtinalife